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Los servicios pastorales y religiosos sufren modificaciones.
Es encomiable la actitud responsable de la mayoría de la población, atendiendo las indicaciones de la autoridad. Hay muchos signos de solidaridad y fraternidad, características de nuestro pueblo en situaciones de emergencia.
El Señor Jesús atendió con un corazón misericordioso a muchos enfermos, sin retraerse por el peligro de posibles contagios. No se alejó de los leprosos y tocaba a los aquejados por diversos males. En el Documento de Aparecida, nuestros Obispos nos dicen que a Jesucristo "también lo encontramos de un modo especial en los pobres, afligidos y enfermos, que reclaman nuestro compromiso y nos dan testimonio de fe, paciencia en el sufrimiento y constante lucha para seguir viviendo... En el reconocimiento de esta presencia y cercanía, y en la defensa de los derechos de los excluidos se juega la fidelidad de la Iglesia a Jesucristo. El encuentro con Jesucristo en los pobres es una dimensión constitutiva de nuestra fe en Jesucristo... La misma adhesión a Jesucristo es la que nos hace amigos de los pobres y solidarios con su destino" (257).
Los enfermos son los rostros vivientes y permanentes de Jesús entre nosotros. Ojalá esta contemplación de fe, nos lleve a un servicio amoroso, paciente y sostenido con ellos.
Ante la emergencia actual que vive el país, hay muchas cosas que hacer. Ante todo, seguir las indicaciones de las autoridades de salud y no ser irresponsables. El no tomarlas en cuenta, puede ser una falta de justicia y de solidaridad con los demás. La desconfianza no ha de ser causa de irresponsabilidad social. No puede faltar la oración intensiva, para pedir al Dios de la vida que nos la conserve y nos ayude a recobrar la salud, para seguir sirviendo en la familia, en la sociedad y en la Iglesia.
Al Dios de la Vida tenemos que elevar nuestros corazones y unirnos a la misteriosa sinfonía de voces y de silencio que a diario, en oración, brota del corazón de hombres y mujeres por los profesionales, enfermos, y servidores en la pastoral de la salud ya que ellos sirven a los enfermos y los acompañan con amor en su sufrimiento.
Cuando la fe es puesta a la prueba por la adversidad que contraría y tienta, se hace más patente la presencia bondadosa de Aquel en quien vivimos nos movemos y existimos y con cuyo aliento respiramos.
Que María, Madre de Salud y modelo de servicio y atención a los hermanos, nos ayude a ser presencia que acoge, escucha y acompaña. Con el ruego de que el Dueño de la mies envíe numerosos obreros a seguir trabajando en el ancho campo de la salud, tan importante para anunciar y testimoniar el Evangelio en el mundo que nos toca vivir.
Junto con mi oración y bendición, reciban un cordial saludo en el Señor y su Santísima Madre.
Pbro. Pedro Roberto GARCÍA
Párroco
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